“Considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas” (I M 1,1)
Por si era poco considerar a la persona como un CASTILLO, Teresa no se conforma y define al alma, lo más profundo de uno mismo, como un DIAMANTE. Así somos, grandes por fuera, espectaculares por dentro. Revestidos de diamante y claro cristal, donde no hay nada que se nos pueda pasar por alto, porque en un cristal transparente no puede ocultarse nada. En esa morada más profunda, donde habita Dios, es imposible escondernos, allá en lo más intimo, nos definimos tal como somos, sin engañarnos, tal como somos a los ojos de Dios, nos vemos y Le vemos. Esa es la tarea de todo el que se inicia en este itinerario teresiano, dejarnos ver tal como somos para descubrir el tesoro, el diamante que llevamos dentro. Quizá la tarea de estas moradas consista en ir puliendo ese diamante, muchas veces en bruto?? Trabajarlo para que sea tal como Dios quiere y quiso que fuera?





